(Versión final)
Probablemente todos hemos visto un comercial de Zuko alguna vez, en sus distintas versiones. Sin embargo, pasa el tiempo y el concepto transmitido es el mismo. En primer lugar, Zuko necesita un concepto. Para el ciudadano común, la palabra no remite a nada, por lo tanto, la marca debe hacer que el cliente haga un enlace entre la palabra y una idea más allá del jugo en polvo. Sorprendentemente, Zuko es un vocablo portugués que significa jugo, y ha estado en nuestra sociedad por lo menos durante cien años. La marca existe globalizadamente en por lo menos cuarenta países, de acuerdo a mi investigación. La fábrica más grande de jugos Zuko en el mundo se encuentra ubicada a las afueras de Santiago de Chile. Zuko actualmente pertenece al conglomerado Tres Montes/Luchetti
Ahora hay que interiorizarnos en el comercial mismo: véalo acá http://www.youtube.com/watch?v=T0jiNkqivmw&feature=related
Lo primero que se nos muestra es un atardecer en algún lugar del sur de Chile. A primeras uno pensaría que el comercial está situado en Minesotta, casi que en La Pequeña Casa en la Pradera, pero no. Las niñas se columpian bajo la sombra de una araucaria, ergo, estamos en Chile. Volvamos al inicio, un hermoso atardecer rojizo con unos niños vestidos como los gringos campechanos del Oeste que pescan con varillas desde las orillas de un pequeño lago. Sienten, luego algo que los llama y, dada la hora, deben ir a cenar. Luego aparece la imagen de las dos niñitas vestidas iguales columpiándose felices de la vida. Los niños con los niños y las niñas hacen cosas de niñas. Desde los primeros segundos tenemos el mensaje de la división de roles y actividades entre sujetos femeninos y masculinos definidos desde una perspectiva biológica. Luego de ello vemos al padre de la familia ensillando un caballo, dejando en claro que esta familia latifundista tiene un líder, y asimismo ese señor se establece como el patrón del fundo; no necesitamos ver su cara para saber que es él. Posteriormente aparece una niña adolescente que corre a encontrarse con un chiquillo para llevárselo de la mano: la mirada cómplice entre ellos indica que existe una relación entre ambos que implica un fin reproductivo en la familia, basado en el deseo sexual mutuo entre los sujetos. El padre, entremedio, aparece montado en el caballo, domándolo. Claro signo de un rol patriarcal, tradicional, conservador y establecido.
Tenemos imágenes del lugar donde viven, del “granero” y de la casa tipo Forrest Gump. Aquella arquitectura y atmósfera nos llevan al imaginario agringado de fines del siglo XIX; es más, si esa familia se viste con ropas blancas y negras pasarían fácilmente por Amish (la única excepción sería porque aparece un auto antiguo estacionado, pero aquel elemento enfatiza la temporalidad de la imagen mostrada en el spot).
La madre se ve desde el porche, en un rol tradicional adscrito a la mujer, como madre y dueña de casa sonriente, realizando la ardua labor de hacer un jugo zuko, la cual requiere profundo pensamiento crítico y grandes habilidades de motricidad fina. Los hijos comprenden que la hora de la cena ha llegado cuando la mujer revuelve el jugo en polvo y lo mezcla con el agua, y al hacer sonar la cuchara con la cual realiza esta acción y ésta suena cuando choca con los bordes del jarro de vidrio, aquel es el climax del spot. Esa señora jamás gritaría: Brayatan, déntrate, está lista la comía. No. Y ellos viven en un gran campo, y el sonido de su rol marcado por el patriarcado está materializado cuando revuelve el jugo en polvo.
Toda la familia se reúne feliz y además de la imagen tenemos una sublime adaptación de la canción Hymne, compuesta por el gran maestro Vangelis. Tienes una canción que caracteriza a los corredores olímpicos en “Charriots of Fire” o “Carrozas de Fuego” y tienes al maestro llamando a la familia a tomar jugo en un universo inexistente. Ese spot sería nada sin la música. Cuando todos los miembros de la familia zuko son servidos por la amable madre, proceden a beber el brevaje, sonrientes, felices. Los últimos segundos del comercial son decidores: la mujer en su rol de madre toma al bebé en sus brazos y le da a beber zuko en su mamadera.
Para resumir, el comercial de jugo Zuko, en su versión de 1991 (y en las siguientes) nos muestra y nos insta a aceptar una imagen de familia tradicional numeraria latifundista como paradigma social. Por una parte, el spot publicitario fue grabado en una época poco distante de la dictadura, y puede ser que se haya miedo de mostrar otras posibilidades, al pensar de manera ideal en una familia, pero las siguientes versiones de Zuko siguen estableciendo la articulación del nucleo familiar tradicional conservador, así es que su contenido es a propósito.
Más allá del comentario obvio acerca de cómo una familia de esas condiciones en verdad tomaría jugo en polvo, porque el sólo pensarlo nos muestra la estupidez que tenemos ante nuestros ojos, se nos muestra una familia ideal inexistente, que se presenta de manera normativa: es decir, un “deber ser” que no tiene nada que ver con la realidad chilena. Por lo tanto, la conclusión es clara: el comercial de Jugo Zuko nos insta a concebir la familia como una unidad tradicional con tintes ideológicos ligados a la extrema derecha. Entonces: el comercial de jugo Zuko nos predica subliminalmente la ideología del fascismo. El spot de Zuko llama al fascismo.